lunes, 13 de febrero de 2012

EL SOBREVIVIENTE VICTOR COBOS CUENTA COMO ACTUABA EL EMPRESARIO MARCOS LEVIN EN DICTADURA - “El daba órdenes a los grupos de tareas”

El empresario Marcos Levin, el dueño de la compañía de transportes La Veloz del Norte.

EL SOBREVIVIENTE VICTOR COBOS CUENTA COMO ACTUABA EL EMPRESARIO MARCOS LEVIN EN DICTADURA

“El daba órdenes a los grupos de tareas”

El dueño de la firma La Veloz del Norte estaba citado a indagatoria en Salta, pero se ausentó y su abogado argumentó que no tuvo relación con el secuestro de trabajadores. La querella asegura que Levin “tenía un grupo policial en la empresa”.


 Por Alejandra Dandan
Salta es el primer distrito del país que avanzó en una causa contra la posible responsabilidad de un empresario en delitos de lesa humanidad durante la dictadura. Marcos Levin, el dueño de la empresa de transportes La Veloz del Norte, debió haberse presentado para una indagatoria. El juez federal Leonardo Bavio lo había convocado la semana pasada por su presunta participación en el secuestro de unos doce trabajadores de la empresa, detenidos desaparecidos a partir de enero de 1977 en la comisaría 4 de la capital provincial, que funcionó como centro clandestino. Levin no fue a declarar. En su lugar, su abogado René Gómez presentó un incidente de falta de acción en el que indica que no tuvo nada que ver con los hechos. Denunciantes y querellantes aseguran lo contrario.
“Levin dice que no tuvo que ver con los hechos que se le imputan y que no se trata de un delito de lesa humanidad, pero es un crimen de lesa humanidad”, dice el abogado de la querella David Leiva. “Por más que sea un civil, lo que hizo lo hizo con la aquiescencia del Estado: él tenía un grupo policial dentro de la empresa. Las víctimas formaban parte de ese amplio espectro de ‘oponentes’ definidos por el golpe de Estado y dentro de esos ‘oponentes’ estaban los sindicalistas y, en particular (uno de los secuestrados), Cobos era hermano y pariente de miembros del peronismo revolucionario que fueron asesinados, perseguidos y exiliados.”
Víctor Cobos es ese hombre. Era uno de los choferes de La Veloz del Norte y, a la vez, secretario general de la seccional Salta de la Unión Tranviarios Automotor (UTA). Fue secuestrado en enero de 1977 y es uno de los impulsores de la causa que comenzó en la Cámara Penal del Crimen de Salta en 1984.
“Le juro que estoy desesperado por que se haga de una vez justicia”, dice a Página/12. “Salta es una provincia que, desgraciadamente, fue muy sometida por el empresariado y los grandes terratenientes, y no es de rebelarse contra el sometimiento y la opresión, aguanta, aguanta.” Por cómo circuló la información y por las características de la provincia, en los últimos días Cobos no paró de repetir en los medios locales que su denuncia no es reciente, ni está atada al presente político, sino que denunció todo apenas terminó la dictadura. “En 1984 lo denunciamos con tres compañeros y lo acusamos de todo. Dijimos cómo se presentaba en la comisaría, explicamos que él daba las órdenes a los grupos de tareas que tenía a sus órdenes para que nos secuestraran a nosotros”, repite Cobos.
“Después fui a la Legislatura de esa época, tomaron nota pero nada prosperó. Ni eso, ni lo de la Cámara del Crimen. La causa se archivó, pero con las leyes de Obediencia Debida y de Punto Final lógicamente nadie podía hacer nada. Gracias a Dios que este Gobierno anuló esas leyes, así es que junto con mi hermana Cristina, que es de Memoria, Verdad y Justicia, Leiva y yo iniciamos nuevamente la denuncia en 2008 y le dieron la calificación de delito de lesa humanidad.”
En la denuncia que dio pie al pedido de indagatoria, un grupo de trabajadores declaró sobre los secuestros. Describieron cómo los hombres de la comisaría 4 –encabezados por el subcomisario Víctor Hugo Bocos, acusado– los llevaron desde la terminal de la empresa o desde sus casas a bordo de autos de La Veloz del Norte que el empresario había puesto a disposición de las fuerzas de seguridad. En alguno de esos traslados, sitúan a Bocos al lado del propio Levin, que aparece más tarde dentro de la comisaría, en la oficina del subcomisario o incluso en una ocasión en la sala de tortura.
“Bocos es la persona que detiene a algunos de los doce trabajadores de la empresa, entre ellos a varios dirigentes de la UTA seccional Salta”, le dijo a Página/12 el abogado David Leiva cuando se conoció el pedido de indagatoria. “Adentro de la comisaría los someten a torturas. Levin es la persona que iba después de los interrogatorios, y se reunía con Bocos y los otros policías.”
Para detenerlos, la policía fraguó una denuncia por una estafa de la que años después todos salieron sobreseídos. Para los querellantes, la estafa fue la excusa que inventó el empresario para sacarse de encima a los trabajadores más combativos que desde 1974 habían acrecentado un plan de lucha por mejores condiciones de trabajo.
“Yo era delegado gremial elegido por los compañeros y a la vez integrante de la junta ejecutiva de la UTA con un mandato que iba de 1974 a 1978”, dice Cobos. “En ese entonces hemos tenido arduas luchas por todas las cosas: por no pagar los sueldos, porque hacía hacer horas extra sin pagarlas; porque a los choferes que iban y volvían a Tucumán los hacía seguir trabajando sin horas de descanso, llegaban a Salta y el jefe de personal les ordenaba que siguieran como estaban. Esa lucha la hemos tenido. Yo he ido al Ministerio de Trabajo, hacíamos paros hasta que se arreglara la situación. Ellos iban al ministerio, firmaban las actas pero después las tiraban al piso porque no les daban importancia, porque él impone sus propias leyes.”
Los paros que llegaron a seis o siete en dos o tres meses aumentaron con la muerte de Juan Perón. “En ese momento, dijimos: ‘Muchachos, a partir de ahora tienen que tener cuidado, anden con pie de plomo, porque la manija se viene en contra nuestro’. Yo fui perseguido, me tirotearon, me agujerearon el auto a balazos un montón de veces. Mataron mi hermano y a mí me seguían por todos lados para ver si podían agarrar a Enrique (otro de sus hermanos) porque lo querían matar directamente.” Cobos viene de una de las familias más golpeadas por la represión. Una noche ejecutaron con 38 balazos a su hermano más chico, Martín, en la casa de sus padres. Pero no lo buscaban a él, sino a Enrique, otro de los hermanos, militante de la JP, a quien Víctor logró sacar por caminos alternativos fuera de la provincia.
El abogado de Levin, René Gómez, no es uno de los abogados que habitualmente defienden a los represores en Salta, sino que es un penalista reconocido. El martes pasado presentó un escrito con dos ejes. En el primero indica que su defendido se enteró tarde de la citación porque se la habrían mandado a un domicilio equivocado. Pero en segundo término se pronuncia sobre la cuestión de fondo con esa fórmula jurídica de la falta de acción. Ahora la fiscalía de Domingo José Batule y el juzgado deben dar una respuesta.

 http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-187465-2012-02-13.html

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-COMENZO EL PRIMER JUICIO POR DELITOS DE LESA HUMANIDAD EN TANDIL - Con todos los acusados tras las rejas

COMENZO EL PRIMER JUICIO POR DELITOS DE LESA HUMANIDAD EN TANDIL - Con todos los acusados tras las rejas

 COMENZO EL PRIMER JUICIO POR DELITOS DE LESA HUMANIDAD EN TANDIL

Con todos los acusados tras las rejas


El primer juicio por delitos de lesa humanidad en Tandil comenzó con la causa conocida como “Moreno”. Cinco acusados, dos civiles y tres militares, empezaron a ser juzgados por el secuestro y asesinato de Carlos Alberto Moreno, militante de la Juventud Peronista de Olavarría y abogado laboralista de la Asociación de Obreros Mineros Argentinos (AOMA). Tras la primera jornada, todos los imputados quedaron detenidos en cárcel común.
El 29 de abril de 1977 Moreno fue secuestrado y llevado a la Chacra de Méndez, propiedad de los hermanos Emilio y Julio Méndez, en Tandil. El 3 de mayo logró escapar, pero fue recapturado y asesinado. Como abogado estaba investigando las malas condiciones de trabajo en la empresa Loma Negra. La cementera, que por entonces era propiedad de Amalia Fortabat, fue una de las tantas empresas que se beneficiaron económicamente bajo la dictadura y se sospecha que sus autoridades tuvieron responsabilidad en la represión y persecución de sus trabajadores.
En el proceso oral que comenzó el jueves pasado, los dos civiles acusados, los hermanos Méndez, llegaron al juicio excarcelados y se fueron detenidos a una cárcel común. Además, en sintonía con la decisión del Tribunal Oral Federal (TOF) para que el juicio se desarrolle en la ciudad donde Carlos Alberto Moreno estuvo secuestrado y fue asesinado, los jueces Néstor Rubén Parra, Roberto Atilio Falcone y Mario Alberto Portela resolvieron que todos los imputados continúen el juicio detenidos en cárcel común, por lo que también revocaron el beneficio del arresto domiciliario para el mayor Roque Italo Pappalardo y el teniente coronel Julio Alberto Tomassi. El quinto represor, el ex suboficial José Luis Ojeda, ya estaba cumpliendo prisión preventiva en una unidad penal.
Mientras se realizaba la audiencia en el aula magna de la Universidad Nacional del Centro, frente a la plaza Independencia de Tandil, en la calle se manifestaban militantes de organismos de derechos humanos y de agrupaciones políticas, además de los vecinos y vecinas que se acercan a apoyar o preguntar. El momento más emotivo fue cuando salió Taty Almeida, madre de Plaza de Mayo Línea Fundadora, y todos cantaron: “Madres de la Plaza: el pueblo las abraza”.
La primera jornada del juicio oral concluyó con el traslado de los represores y con un acto en la calle, incluido un recital con la Bersuit Vergarabat. Estaban los hijos de Carlos Alberto Moreno, Matías y Martín, militantes de Hijos. El segundo, el más joven de los dos, estaba en la panza de su mamá cuando su padre fue secuestrado, por lo que no llegó a conocerlo. Fue él quien leyó el documento elaborado por la Multisectorial por Memoria, Verdad, Justicia y Alegría. Cuando terminó, los presentes cantaron “como a los nazis les va a pasar: adonde vayan los iremos a buscar”. Hasta ese momento, los civiles Julio y Emilio Méndez caminaban por las calles de Tandil.
El juicio por el secuestro y asesinato de Carlos Alberto Moreno continúa con las audiencias testimoniales los jueves y viernes, desde las 10. Pueden ingresar a las audiencias los mayores de 18 años, acreditándose con su DNI o cédula. Se calcula que el juicio durará entre dos y tres meses. De ser así, se conocería el veredicto a los 35 años del asesinato de Moreno.

 http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-187467-2012-02-13.html

domingo, 5 de febrero de 2012

Jessica Alba

Este parece que es el videíto ese adonde Jessica (Jessica sin acento) Alba pierde el bañador, por alguna extraña razón nunca lo había visto aunque sabía de su existencia.

Los Simpsons "Maldición crei que era una venta segura" 5.2.2012.mpg

Capítulo: "A esta niña le gusta su cerebro".
La artesana intelectualoide ensaya y logra convencer de sus mentiras a la inocente Lisa, pero Lisa pega media vuelta como aturdida y el personaje en cuestión se pierde la venta...
Esta era la basura que veíamos y, es más, desde que Rajoy se hizo cargo de Telefé, esta es la basura que nos queda por ver.



Este va dedicado a Tiffenberg, el psicólogo - usurpador Tenenbaum, los intelectuales Pro-Gobierno, los intelectuales del Bar La Paz, etc., a los cuales parece que se les escapa que hace rato que se ironiza con fundamentos sobre su falta de escrúpulos.

CORTINAS DE HUMO PARA TAPAR LA CRISIS POLICIAL Y PENITENCIARIA - Un modelo agotado

Mariotto con Fretes. Respaldo político para quienes resisten las redes de ilegalidad.
Imagen: Paula Litvachky (CELS)

CORTINAS DE HUMO PARA TAPAR LA CRISIS POLICIAL Y PENITENCIARIA

Un modelo agotado

El megaoperativo de Casal contra “el delito y la droga” es una apurada defensa publicitaria de un modelo en crisis terminal. El vicegobernador Mariotto, apoyado por Nilda Garré, desbarató una organización de Florencio Varela que traficaba y mataba con protección policial. Garré resguardó en Gendarmería, para que no los mataran, a tres detenidos que vieron a los penitenciarios matar a golpes a otro preso en la U46. Casal tuvo que entregarlos y montó un Operativo Distracción.


 Por Horacio Verbitsky
El ministro de Justicia y Seguridad bonaerense, alcaide mayor Ricardo Casal, montó un apurado show publicitario para defender un modelo de gestión policial y penitenciario agotado, que en pocos días produjo dos episodios tremendos, con sendos asesinatos de hombres pobres jóvenes: el asesinato de un pibe en Florencio Varela por una organización de narcos con protección policial y la muerte a golpes y patadas por funcionarios del Servicio Penitenciario Bonaerense de un joven detenido en la cárcel de San Martín. Ambos fueron esclarecidos con la injerencia del gobierno nacional, junto con organizaciones de Derechos Humanos y/o de militancia política y barrial, y señalan un modelo distinto de gestión que cuestiona en la práctica a Casal. La apuesta del ministro es que los crecientes niveles de violencia extra e intramuros generen adhesión en otros sectores de la sociedad, asustados por la psicosis de la inseguridad y tolerantes con cualquier medida de discriminación represiva contra la población penitenciaria o la de los barrios humildes de los que proviene ese ganado humano.

Con Z de zonzo

Ambos casos coincidieron con el tercer aniversario de la desa-parición de Luciano Arruga y el primero de los asesinatos cometidos en José León Suárez, siempre por personal de la bonaerense. Casal obstruyó la investigación sobre Arruga, al retacear el uso del único geo-radar del país en un terreno en el que se presumía estaba sepultado Arruga y sobre el que avanzaba la construcción de un edificio. También inventó una versión fantástica sobre una banda criminal que habría hecho descarrilar el tren en José León Suárez para saquearlo. El viernes, Scioli dijo que los asesinos habían sido “dos policías irresponsables”, lo cual implica desconocer la cadena de responsabilidades que según la investigación del CELS alcanza por lo menos a sus superiores que programaron y coordinaron la agresión y luego falsearon los hechos para encubrir lo sucedido. Entre ellos están los comisarios Mario Briceño y José Antonio Cortez, ambos confirmados y el primero ascendido por Casal.
El mismo patrón de falseamiento de los hechos se propuso ahora, en Florencio Varela y en la cárcel de San Martín, pero la participación federal se lo impidió. Apeló entonces al segundo capítulo del manual. Cada vez que queda en evidencia la vinculación de funcionarios policiales o penitenciarios con redes delictivas, Casal recurre para taparlas a otras formas de ilegalidad, de mayor consenso social. Centenares de efectivos caen de madrugada sobre un barrio popular, allanan domicilios con o sin orden judicial, rompen puertas y muebles, maltratan a mujeres y niños, detienen a decenas de personas por averiguación de identidad, con lo que complican su situación laboral, y hasta colocan armas y sustancias estupefacientes, que luego se presentan como decomisados en el megaoperativo. Esta vieja práctica policial de “hacer estadística”, inflando números de cualquier manera, ha sido elevada a la categoría de instrumento político. Esto fue evidente este jueves, cuando además de acompañar a Casal en la revista de las armas y vehículos secuestrados y anunciar un nuevo golpe contra la droga y el crimen organizado, Scioli inauguró las refacciones de un polideportivo, entregó equipamiento médico y escrituras de viviendas, y firmó créditos para diversas obras. Los casos imaginarios más recientes ocurrieron en diciembre, cuando el gobierno provincial anunció que había secuestrado el mayor cargamento de cocaína de la historia y detenido al segundo jefe del cartel mexicano de Los Zeta. En realidad se trató del bluff más grande de la historia y las únicas Z son las del zonzo que pensó que semejante invento podría pasar sin consecuencias. La comunidad de inteligencia nacional e internacional no tenía registrado a ese presunto jefe de la organización más observada, no había pedidos de captura vía Interpol, ni actuaciones previas de la bonaerense sobre él. Una agencia estadounidense envió una delegación a la Argentina para verificar de qué se trataba. El tema fue sepultado en el olvido y el comisario general Roberto Castronuovo, que había sobrevivido al caso Candela pese al involucramiento de uno de sus confidentes, perdió su lugar en Investigaciones.

La muerte de El Pelado

El 11 de diciembre, Santiago Mont invitó a subir a su auto para tomar unas cervezas a Carlos Gabriel Fretes, El Pelado, de 22 años. Ambos eran vecinos en el barrio Agustín Ramírez, de Florencio Varela, que surgió hace casi veinte años de una larga lucha popular por la tierra. El cuerpo del Pelado apareció al día siguiente en un descampado de Longchamps, con signos de crueles torturas, tajeado, quemado y con la cabeza partida con una mole de concreto. Una organización ejemplar de la zona, el Centro Angelelli, que edita un periódico, prepara una radio y organiza una red de centros comunitarios en los distintos barrios de Varela, atribuye el crimen a una organización de narcos, con protección policial y ramificaciones políticas. El abogado del Centro Angelelli, José Luis Callegari, conocía al hermano mayor del Pelado, el militante social Lisandro Fretes, de 28 años. Montt era el lugarteniente del capo de la red de comercialización de estupefacientes, el puntero político Américo Claudio Mena, quien también controlaba varias cocinas en comercios del barrio. Luego de una detención por homicidio, Mena llegó desde Lanús, donde su referente político fue Manuel Quindimil. Mena y Montt viven calle de por medio, en las únicas casas ostentosas de un barrio cuya única necesidad satisfecha es tener un nombre. Los autos y camionetas de lujo con hombres mayores bien vestidos y adolescentes pobres superproducidas son los indicios ostensibles de la venta de drogas y la prostitución infantil, que constituyen el ominoso horizonte de la juventud. Nadie puede entrar ni salir del barrio sin conocimiento de la comisaría 2ª de Varela, cuyo jefe llevaba allí 14 años, algo imposible sin un acuerdo extralegal. Mena, quien disputó la conducción de una asociación vecinal, a través de la cual se vinculó con el Director de Integración Comunitaria, Jorge Roldán, acusaba al Pelado por un robo de dinero y drogas de su casa. Cinco meses antes habían tenido un incidente en la calle: Mena le pegó, le reprochó haber dicho que era un narco y dijo que había querido robarle un camión. Callegari puso el caso en conocimiento del CELS. En varias reuniones con vecinos, dos de sus directores, Paula Litvachky y Diego Morales, reconstruyeron los hechos. La clave fue Lisandro Fretes, quien se reconoce como heredero de las luchas por la tierra que protagonizó su padre. Lisandro recorrió casa por casa del barrio en busca de testimonios y logró hablar incluso con los pibes y las chicas que estaban en la casa de Montt, cuando torturaron al Pelado para que confesara una delación que negaba haber cometido. Varios testigos contaron que la noche siguiente al homicidio policías de la 2ª retiraron bultos de la casa de Mena durante un apagón que duró 15 minutos y los llevaron a la comisaría, en autos del dueño de casa que hicieron conducir a pibes del barrio. Allí esperaba Mena antes de fugarse. También hubo un intento de prender fuego a ambas casas. Junto con vecinos indignados, participaron desconocidos. La fiscal de Lomas de Zamora, Mariana Monti, había ordenado custodiar la casa de Montt, donde mataron al Pelado, pero la policía la desguarneció. Lisandro Fretes contuvo a sus conocidos y los organizó para que impidieran que en el tumulto alguien contaminara pruebas del crimen. Esta historia fue narrada por sus protagonistas al vecino más famoso de la zona, el flamante vicegobernador Gabriel Mariotto, quien visitó la humilde casa de los Fretes en enero. Llegó junto con los senadores Cristina Fioramonti de Kunkel, Santiago Carreras (de La Cámpora) y Sergio Berni y los representantes del Centro Angelelli y del CELS. El intendente Julio Pereyra había recibido a la familia Fretes pero sin permitir que ingresaran los abogados del CELS ni del Centro Angelelli. Pereyra ofreció una reunión con el comisario de la 2ª, pero Lisandro la rechazó. Se refirió a los problemas que tuvieron con la policía todos los vecinos que denunciaron a Mena, al nulo resultado de todos los allanamientos, al funcionamiento de varios bares para la venta de drogas que nunca fueron molestados por la 2ª y a los pedidos de coima denunciados por 18 comerciantes. Inquieto desde el comienzo, Pereyra llamó entonces al jefe distrital de la policía de seguridad y dijo que si en esa instancia no se resolvía el caso, él hablaría con el gobernador. Prometió iniciarle un sumario a Roldán y se quejó de que nadie le había informado de sus relaciones con Mena ni de las prácticas de la comisaría 2ª. Una vez que Pereyra se retiró, el Secretario de Gobierno recibió la información sobre las necesidades edilicias y de iluminación de los barrios que le transmitieron Fretes y Callegari. Sabía que el CELS había pedido a Mariotto que recibiera a la familia. “El caso es grave y justifica una amplia intervención política”, le respondió Diego Morales. Después de escuchar a Fretes, Mariotto reclamó la intervención de la comisaría 2ª, de la que ya había sido relevado el jefe de calle, Leonardo Druille. El subcomisario, Tomás Rudakoff, había atribuido el asesinato a una pelea entre bandas de narcos. El subsecretario Operativo de Seguridad, Emiliano Baloira, le dijo que sólo dejaría al comisario Roberto Alvarez Damelio, hasta que negociara la entrega del prófugo Mena.
–Ninguna negociación o lo hago público –le respondió Mariotto.
En ausencia de Casal, de vacaciones, Baloira lo consultó con Scioli, quien le ordenó acatar las indicaciones de Mariotto. La comisaría fue intervenida y todo su personal relevado. El vicegobernador hizo algo más: solicitó a Nilda Garré cooperación federal para hallar a los prófugos. Con la información provista por la Gendarmería, que también proveyó en forma transitoria seguridad al barrio, Mena y Montt fueron detenidos en un par de días. Santiago Montt, asistido como defensora por Mariana Pagani, una abogada próxima a Casal, declaró que al Pelado lo mató Mena. Acaso la fiscal Monti avance sobre Roldán más de prisa que el sumariante municipal. La visita pública de Mariotto y Sergio Berni a Nilda Garré el jueves 26 de enero fue para agradecer el apoyo de Gendarmería que completó la resolución del caso. Pero no sólo. Lo sucedido en Varela marca un modelo de intervención territorial que podría replicarse en otros lugares del conurbano.

Diez a uno

Nada será simple, sin embargo. Dos días después, el sábado 28 de enero, una decena de penitenciarios asesinaron a puñetazos y patadas a Patricio Jonathan Barros Cisneros, de 26 años, detenido en la Unidad 46, del sórdido complejo penitenciario de San Martín. Su hermano Diego denunció el año pasado que el personal del SPB sacaba a los detenidos a robar para ellos. En el horario de visitas comenzaron a golpear a Patricio en el patio, a la vista de otros presos y de su propia esposa, Alejandra Gisela González, de 18 años, embarazada. Estaba enojado porque no les permitieron verse en un sitio con mínima privacidad y no ante todos. La piba, que tuvo que aguardar cuatro horas antes de que le permitieran ingresar, fue forzada a salir a la calle y poco después le informaron que su esposo se había suicidado. El prefecto mayor Leonardo Jorge Dziata escribió en el parte oficial que Barros Cisneros esgrimió “un elemento punzante”, mientras le gritaba el encargado:
–Dame visita en una de las celdas porque te voy a cagar a puñaladas. Según la historia oficial, Barros intentó tomar como rehén al adjutor Rodrigo Chaparro quien “procedió a entablar un diálogo” para que “depusiera su actitud hostil”. Como no lo consiguió, “tuvo que utilizar la fuerza mínima e indispensable”. Esto lo enardeció contra el personal que, para controlar la situación, “tuvo que utilizar elementos de sujeción (esposas) y gas pimienta (PPQ)”. Aun así, “una vez reducido”, Barros “logra zafarse” y, “sin mediar motivo alguno, comienza a golpear su cabeza fuertemente contra la rejas para luego caer pesadamente contra el suelo”. También firman el parte tres detenidos que realizaban tareas de limpieza, peluquería y cocina.
La autopsia desmiente la pretensión del suicidio: Barros tenía más de treinta golpes en el cráneo y el rostro, con hundimiento del globo ocular izquierdo y decenas de lesiones en brazos y piernas, “compatibles con mecanismo de defensa frente a un ataque”. Según el médico penitenciario Federico Woodgate la muerte de Barros obedeció a un “paro cardiorrespiratorio”. Esto equivale a decir que está muerto porque se murió, ya que cuando alguien muere por cualquier causa su corazón se detiene y su respiración cesa. Woodgate deja las generalidades y se torna minucioso cuando describe las heridas punzocortantes y las escoriaciones en detalladas partes del cuerpo de Chaparro.
Los familiares que visitaban a otros detenidos llamaron al secretario de Ejecución Penal de la Defensoría General de San Martín, Juan Manuel Casolati, quien fue a la cárcel. Volvió el lunes con el Comité contra la Tortura de la Comisión Provincial por la Memoria, que todos los años publica un minucioso informe sobre la situación en las cárceles bonaerenses, y el CELS. De las 120 personas privadas de su libertad que entrevistaron, ni una aceptó la versión oficial. Dijeron que el lugar estaba repleto de penitenciarios, que se entrenan con pesas en la propia unidad, y que portaban escopetas, por lo que era inimaginable una agresión allí. Pero todos tenían terror de declarar. Aquellos que habían provisto la coartada al Servicio, el encargado de limpieza Martín José Matilla, el cocinero del Casino de Suboficiales Mario Pandianni y el peluquero Victoriano Acosta, fueron amenazados de muerte por los penitenciarios si se retractaban. Casolati pidió hablar a solas con el titular de la Unidad Fiscal de Investigaciones 1 de San Martín, Carlos Insaurralde.
–Hablemos aquí en el patio –le respondió.
–Hay mucha gente que puede escuchar. Tengo elementos sobre una muerte, que involucran al personal –insistió el defensor.
–No me interesa, y no se qué hace usted aquí –lo cortó.
Tampoco se interesó por el caso el Director de Población del Ministerio, Alejandro Santecchia, quien estaba de recorrida por la unidad al mismo tiempo que la delegación del CELS y de la CPM. Santecchia era acompañado por las autoridades pero no entrevistó a los detenidos ni ingresó a Sanidad. Roberto Cipriano, del Comité contra la Tortura, vio allí a un hombre que se tapaba una traqueotomía con un dedo. La socióloga Anabella Museri, del CELS, observó a un carancho devorar una rata. En un pabellón con nueve celdas, de cuatro camas marineras cada una, había 67 detenidos que, en muchos casos, pasan 23 horas por día encerrados. Vieron un hombre con el cuerpo cubierto de forúnculos por la contaminación del agua y otro con dos dedos deformados por los golpes del SPB y la falta de atención médica. A un tercero le faltaba un brazo y estaba cubierto de pus. Varias cucarachas se treparon a los visitantes. El olor insoportable del basural también es inhumano para el personal penitenciario. La reja no había sido resguardada y del piso donde Barros cayó fueron lavadas las manchas de sangre.
En su oficio a la UFI 1, Casolati narró que cuando Barros cayó, le patearon la cabeza y los testículos gritando:
–Aquí mandamos nosotros. A solicitud del CELS, la ministra de Seguridad federal, Nilda Garré, dispuso trasladar a los tres testigos amenazados por el SPB a la sede de Gendarmería. Garantizada así su vida, los tres contaron la verdad al fiscal Insaurralde:
–Por favor, no me peguen más, está mi familia allí –llegó a decir Barros.
–Ahora pedí por favor –le contestaron y siguieron golpeándolo hasta que quedó inmóvil. También dijeron que:
- Barros nunca se golpeó con la reja ni empuñó una faca, la arrojaron junto a su cuerpo cuando ya lo habían matado.
- Chaparro la usó para autolesionarse.
- Cuando Barros estaba caído boca arriba, enceguecido y ahogado por el gas pimienta, sangrando y con las manos esposadas a la espalda, el agente Benítez lo tomó del cuello para estrangularlo.
- El guardiacárcel Luna saltó varias veces sobre su pecho, otro al que llaman El Gallego le pateó los genitales y el oficial Mario le cacheteó la cara. Varios le patearon la cabeza. En total participaron del asesinato diez u once, entre ellos uno a quien conocen como Chino o Ken. “Era un tumulto de guardias”.
- Un oficial Silva les hizo firmar un parte que no pudieron leer y les dijo que cuando les preguntaran dijeran que después de amenazar al personal con una faca se golpeó contra la reja.
Recién entonces, Casal puso en disponibilidad a sus camaradas penitenciarios, recibió a la familia de Barros, bajó del helicóptero en la cancha de Racing y anunció con Scioli un nuevo Operativo Distracción.

 http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-186938-2012-02-05.html

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Y esto no es todo: intenten interponer un hábeas corpus colectivo en favor de los presos y van a ver lo que pasa. Las que pasé yo tratando de dar con los Juzgados competentes para recibir la solicitud en favor de las presas de Ezeiza y los detenidos en las unidades penitenciarias manicomiales.
Dando vueltas por Tribunales, por Morón, por la Conchinchina. Nadie sabe dar la información correcta, eso quiere decir que no se hace eso.

Lo que se dice en esta nota yo lo tengo corroborado por otros medios de que el sistema penitenciario bonaerense está funcionando de esta forma infame y perversa. Tengo el testimonio de una hermana a cuyo hermano lo dejaron ciego y sin atención médica y le estaban suministrando drogas sin control y sin saber realmente en que consistían esas drogas, todo eso en un instituto penitenciario de provincia.

sábado, 4 de febrero de 2012

Lanata en Palabras más palabras menos 31.1.2012

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Yo pensé que ese día me iba a reír con este reencuentro cuando Lanata le pasara la factura al psicólogo-usurpador que le usurpó el programa (eso contó Lanata muchas veces) Tenenbaum, en complicidad con Zlotogzwiazda y Adrián Paenza, hoy un usurpador reconvertido en adalid matématico - filosófico del Canal Encuentro y la intelectualidad Pro - Gobierno.

No pasó eso, Lanata habló cualquier huevada y lo más picante se lo calló.

Y, al cabo de toda la cuestión, es decir y colorín, colorado, el gordo Lanata se volvió "el dueño de la fábrica" en "Clarín".

Tengo que actualizar porque creo que falta una parte, pero ya no tengo memoria disponible en la plataforma adonde alojé esto anticipando la cipayada del oligopolio "Clarín" y su cómplice, la multinacional destructora de memoria argentina You Tube - Google, InC.

Para los que no se acuerdan y aun no sabemos porque le decía asi: Lanata fue el que bautizó a Altamira del Partido Obrero como "el dueño de la fábrica". ¿A qué se refería con "el dueño de la fábrica"? Ahora me lo pregunto en serio porque en ese momento me pareció una broma... ¿fábrica de qué sería dueño Altamira? ¿De una fábrica de palas?

Los Simpsons: "La estatua de Jeremías Springfield" - capítulo completo en 2 videos para ver en línea

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Financiamiento

Está página y todo el trabajo que aquí se realiza se financia por completo con el dinero recibido por parte del Estado Nacional Argentino a fines del año 2011 en concepto de reparación monetaria por el secuestro, desaparición, tortura y asesinato de mi padre, Domingo Fortunato Saladino por parte del Terrorismo de Estado en 1978.

¡¡¡AYUDANOS!!!

Los depósitos en pesos pueden de cualquier monto.

Si querés colaborar con la Fundación Domingo Saladino para los Derechos Humanos podés hacerlo a través de la siguiente Caja de Ahorro del Banco Provincia de Buenos Aires: sucursal 4009 Nº de cuenta 502364/5, CBU bloque 1: 0140009-0, CBU bloque 2: 0340095023645-5.


Gustavo Saladino

D.N.I.16.453.320

Hijo de desaparecido y asesinado.
Héroe de la Resistencia Antifascista contra el genocidio cultural del menemismo.
Objetor de conciencia al Servicio Militar Obligatorio hasta su desaparición definitiva lo que me valió verme impedido de ejercer mi derecho cívico al voto entre 1983 y 1995.
Despedido del Estado en 1989 por ser hijo de desaparecido.
Denunciante contra los genocidas ante la CONADEP (Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas) en 1984.
Co-Denunciante contra los genocidas de la Fuerza Aérea Argentina y de otras fuerzas de seguridad en la Causa Penal por delitos de lesa humanidad y genocidio Nº 7.273/06 en el área de la Subzona 16, entre muchas otras Causas.
Denunciante en 2011 ante la Justicia Federal argentina del gobierno norteamericano cómplice de los genocidas civiles y militares que desaparecieron y asesinaron a mi padre en 1978.
El primero en el mundo entero, como activista de derechos humanos, en accionar penalmente contra el oligopolio estadounidense destructor de memoria argentina "Google, Inc.", entre otros hechos, por perseguir y espiar ilegalmente ciudadanos dentro de su plataforma "You Tube".

Argentina toda de azul para hablar del TGD - TEA

http://www.tgd-padres.com.ar/images/encuestadecasos.jpg

El 283 - Estación Lanús - Villa Albertina. De la Cía. Andrade

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